30 de Marzo de 2026

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Las monedas ya no sirven

Hoy he ido al súper a por dos barras de pan. Dos. Precio total: 1 euro. Una operación sencilla, casi infantil. Pero claro, en la España moderna pagar un euro en monedas pequeñas es como intentar pagar con botones: técnicamente redondos, pero socialmente inaceptables.

El fin de semana me había dedicado a una actividad heroica: ordenar monedas. Separarlas. Meterlas en bolsitas transparentes como si estuviera clasificando especímenes para un museo numismático. Todo precioso, todo organizado, todo inútil.

Porque mi banco, ese lugar donde atenderte ya es un acto de misericordia divina, no solo te pone pegas para hablar contigo en horario laboral. No. Pedirles blisters para monedas es directamente una ofensa personal. Si no eres un negocio, si no facturas, si no llevas un maletín sospechoso, no existes. Y si por milagro te aceptan monedas, te las meten en una máquina que decide tu destino económico: — Ay, salen 2,50. ¿Lo ingresamos? Y tú ahí, viendo cómo te cobran 1 euro de comisión por ingresar 5. Una maravilla de ingeniería financiera.

Pero la aventura no termina. Para conseguir blisters tienes que ir entre martes y jueves, entre las 12 y las 14, en ese intervalo místico en el que las cajas están abiertas y los astros alineados. Luego vuelves a casa, cuentas las monedas, las metes en el blister, vuelves al banco, firmas un papel donde aceptas que ellos lo volverán a contar y que lo que ellos digan es palabra sagrada. Y encima te cobran por ello. Una experiencia espiritual.

Volviendo a la barra de pan en el súper. La cajera, muy amable, me dice: — No me metas tantas monedas sueltas, que tiene que ser en blister.

Y yo pensando: ¿pero qué pasa, que las monedas sueltas ahora son material tóxico?

La mujer, apiadándose de mí, me saca unos blisters usados. Los relleno. Pago. He pagado 1 euro en monedas de 1 céntimo. Sí, lo sé. Es una molestia. Pero también lo es que un café cueste 1,50 y nadie te deje pagar con 150 monedas de 1 céntimo.

Así que me pongo a investigar. Porque esto ya me había pasado. Y resulta que los establecimientos pueden negarse a aceptar más de 50 monedas. Hasta ahí, vale. Pero si tienen un cajón automático de esos que cuentan monedas, sorpresa: muchos no aceptan monedas de 1, 2 ni 5 céntimos. Porque el cajón no las permite. Claro, la máquina es delicada. No como yo, que llevo años cargando con kilos de cobre inútil.

La ley dice que tienen que aceptar efectivo. Pero también dice que si su método de cobro no admite ciertas monedas, pues ajo y agua. Así que puedes pagar con billetes, pero no con monedas pequeñas. Puedes pagar con monedas grandes, pero no con monedas pequeñas. Puedes pagar con tarjeta, pero no si se cae el datáfono. Puedes pagar, pero no como tú quieras.

Tengo monedas de 1, 2 y 5 céntimos como para montar un museo. Antes de la pandemia pagaba todo en efectivo. Después, menos. Pero las monedas siguen ahí, multiplicándose como gremlins mojados.

Los lavados del coche desde 2020 hasta 2026 los he pagado con monedas. Y aún así tengo más. Estoy hasta los cojones. Inflado. Reventado.

Y como ahora tenemos IA hasta en la ensalada, pues le he dicho: Hazme una aplicación que me diga cuántas monedas tengo, cuánto quiero pagar y me calcule la combinación para usar el máximo número de monedas sin pasarme del límite legal.

Porque si voy a pagar un café, o unos frutos secos, o lo que sea, y no tienen cajón automático, por mis huevos que me aceptan las monedas.

Y ya está. Debajo dejo el código en Python, que subiré a mi web para que cualquiera pueda usarlo desde el móvil y liberar sus monedas del cautiverio.

Porque si mi dinero no vale, al menos que moleste.

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